El ajuste silencioso: Chile enfrenta un reordenamiento estructural en su industria del vino

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La industria vitivinícola chilena atraviesa una paradoja comercial que está reconfigurando su futuro. Según el reciente análisis del corredor de vinos Luis Eduardo Solar en WIP.cl, el sector vive un “ajuste silencioso” marcado por señales contradictorias: mientras los precios de la uva muestran una recuperación inesperada, la superficie de viñedos y los volúmenes de producción sufren una contracción histórica.

Este escenario, acentuado desde la temporada 2023-2024, sugiere que Chile podría estar pasando de una era de sobreproducción a una de potencial déficit si no se toman decisiones estratégicas basadas en datos actualizados.

Precios al alza en un contexto de escasez

Comparado con la compleja vendimia de 2024, los precios actuales para el productor son favorables. Hoy, las uvas tintas promedian los $250 por kilo, mientras que variedades como el Sauvignon Blanc, Chardonnay y las tintoreras no bajan de los $400.

Sin embargo, este “buen momento” para el productor tiene un trasfondo complejo:

  • Producción a la baja: Chile cumple su cuarto año consecutivo de caída en el volumen producido (838 millones de litros en 2025).
  • Arranque masivo de viñedos: Se estima que la eliminación de hectáreas supera con creces las cifras oficiales del SAG, reduciendo la capacidad productiva del país.
  • Contracción de exportaciones: De los 940 millones de litros exportados en 2017, el país bajó a 692 millones en 2025.

El desafío de la competitividad global

El ajuste chileno ocurre a contramano del mercado mundial. Mientras en Chile el precio de la uva sube por la menor oferta, en otros países productores los volúmenes son altos y los precios del vino a granel son significativamente menores. Esta brecha representa un riesgo estratégico para Chile como país exportador, ya que podría perder competitividad frente a naciones con costos de materia prima más bajos.

Llamado a la transparencia de datos

Para enfrentar este reordenamiento, los expertos señalan como “imprescindible” que el SAG entregue un Catastro actualizado. No solo se requiere saber cuántas hectáreas se han arrancado, sino también cuántos viñedos están abandonados o sin explotar, y qué tipo de clones (posiblemente de alta producción) están reemplazando a las parras antiguas.

“La vitivinicultura chilena no puede seguir tomando decisiones estratégicas a ciegas ni reaccionando únicamente a señales de corto plazo”, advierte Solar, haciendo un llamado a una política sectorial coordinada que permita anticipar crisis antes de que el desequilibrio sea irreversible.

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