Una nueva barrera comercial amenaza el dinamismo de las exportaciones vitivinícolas nacionales. El gobierno de Rusia ha anunciado un incremento significativo en los aranceles de importación para vinos provenientes de “países no amigos”, una medida que impacta directamente a Chile y redefine las reglas del juego en uno de los mercados de mayor volumen para nuestras viñas.
Esta decisión, impulsada por tensiones geopolíticas y el fomento de la producción local rusa, obliga a las bodegas chilenas a replantear su estrategia en el gigante euroasiático, donde el vino nacional gozaba de una posición privilegiada por su relación precio-calidad.
Impacto en las cifras y competitividad
Hasta antes de esta medida, Rusia figuraba como un destino clave, especialmente para el vino a granel y el segmento entry level de las grandes viñas chilenas. Con el alza arancelaria, el sector enfrenta dos escenarios críticos:
- Aumento de precios al consumidor: El costo final de la botella en el anaquel ruso podría subir drásticamente, perdiendo competitividad frente a productores locales o de países que mantengan beneficios arancelarios (como Georgia o Moldavia).
- Redirección de stock: Miles de litros de vino que estaban destinados al mercado ruso deberán buscar nuevos destinos, lo que podría generar una sobreoferta en otros mercados o presionar a la baja los precios internos.
Un mercado de volumen en riesgo
Para muchas viñas medianas y grandes, Rusia representaba una válvula de escape fundamental para movilizar volúmenes significativos de vino. La pérdida de competitividad en este mercado no solo afecta las ventas directas, sino que también impacta en la logística y los contratos de largo plazo que Chile mantenía con distribuidores rusos.
¿Qué viene ahora para las viñas nacionales?
Expertos del sector y organismos como Vinos de Chile y ProChile ya analizan el impacto real de esta medida. Las recomendaciones iniciales apuntan a:
- Diversificación de mercados: Acelerar la apertura o profundización en mercados del sudeste asiático y Latinoamérica para compensar la caída en Rusia.
- Premiumización: Enfocar los esfuerzos en Rusia hacia nichos de alta gama que puedan absorber mejor el alza de costos, alejándose del mercado de volumen.
- Diplomacia comercial: Evaluar el margen de maniobra legal y diplomático para mitigar los efectos de este cambio arancelario.
El cierre de este flanco comercial en Rusia es un recordatorio de la vulnerabilidad de la industria ante la geopolítica global y la urgente necesidad de no depender de un solo mercado de volumen.



