Según reportó el diario económico Señal DF, Viña Concha y Toro concretó la semana pasada un cambio histórico en su liderazgo. Tras 27 años al mando, Alfonso Larraín Santa María dejó la presidencia del mayor grupo vitivinícola de América Latina y uno de los más relevantes a nivel global. Su salida marca el fin de una era y el inicio de una nueva etapa liderada por Rafael Guilisasti, quien encabezará el directorio en medio de un escenario desafiante para toda la industria.
Con una participación familiar directa de casi el 10%, el movimiento responde no solo a la necesidad de un relevo generacional dentro de la familia fundadora, sino también a la urgencia de adaptarse a una industria tensionada por múltiples factores: costos de insumos al alza, incertidumbre económica internacional, cambios en los hábitos de consumo y una sostenida caída en las exportaciones de vino chileno.
El desafío: gobernar en la tormenta
Según Señal DF, la designación de Rafael Guilisasti, ex presidente de Vinos de Chile, busca fortalecer la colaboración con nuevos ejecutivos de perfil técnico como Felipe Larraín Vial (nuevo vicepresidente) y Eduardo Guilisasti, actual gerente general. Se trata de una estructura donde conviven el legado familiar con la experticia gerencial, y que busca sostener el peso internacional de la viña justo cuando el mercado global del vino enfrenta una de sus peores temporadas.
Un informe de Itaú BBA citado en el artículo de Señal DF, proyecta una baja en los márgenes operacionales de Concha y Toro para el segundo trimestre de 2025, con una contracción de 60 puntos base en el margen bruto respecto del primer trimestre. Además, se anticipa una menor rentabilidad debido al estancamiento en China, el aumento de los costos y la competencia internacional.
Nuevos liderazgos, mismos principios
El movimiento también refleja una consolidación interna. Según la información publicada, Pablo Silva, actual CEO de la compañía, continuará al frente de las operaciones, mientras que Rafael Guilisasti asumirá un rol estratégico de largo plazo. La decisión busca preservar la identidad familiar del grupo, pero con una estructura flexible que permita reaccionar con rapidez a los cambios del entorno.
¿Un modelo para otras viñas?
La transición en Concha y Toro no solo tiene impacto interno. En un mercado cada vez más competitivo y fragmentado, este tipo de reorganizaciones podrían ser vistas como un modelo por otras viñas chilenas que buscan adaptarse sin perder su esencia. La capacidad de combinar tradición, eficiencia y visión estratégica podría ser clave para navegar lo que muchos analistas califican como “el nuevo ciclo del vino chileno”.