Durante décadas, el vino tinto ha ostentado un estatus casi “medicinal” en la cultura popular, amparado por estudios que sugerían beneficios cardiovasculares. Sin embargo, una revisión de la evidencia científica reciente, destacada por The Washington Post, está derribando este pedestal: la diferencia en términos de salud entre el vino tinto y el blanco podría ser inexistente, y el concepto mismo de “consumo saludable” de alcohol está bajo la lupa.+1
Polifenoles: ¿Realidad o marketing nutricional?
La ventaja histórica del vino tinto reside en su proceso de elaboración. Al fermentarse con los hollejos (pieles) de la uva, el tinto conserva una mayor concentración de polifenoles, como el resveratrol, las antocianinas y las procianidinas, conocidos por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
No obstante, expertos como George Koob, director del Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo de EE. UU., advierten que la cantidad de estos compuestos en una o dos copas es insignificante para generar un impacto real en la salud. “No existe un beneficio aislado para la salud del vino tinto en comparación con el blanco o cualquier otra bebida alcohólica”, afirma Koob, enfatizando que no hay beneficios físicos atribuibles al alcohol que compensen sus riesgos.
El cambio de paradigma: Del “consumo moderado” al riesgo latente
La idea de que una copa de vino al día es buena para el corazón está siendo reemplazada por nuevas advertencias globales. Estudios actuales vinculan incluso el consumo moderado con:
- Aumento del riesgo de cáncer: Especialmente de mama, colorrectal y de esófago.
- Problemas sistémicos: Alteraciones cerebrales, demencia, trastornos del sueño y mayor riesgo de muerte por diversas causas.
Incluso la Asociación Estadounidense del Corazón ha ajustado sus guías, sugiriendo limitar o evitar el alcohol por completo, rompiendo con la tradicional recomendación de “una copa para el corazón”.
Vino tinto vs. Blanco: La cuestión de la tolerancia
Curiosamente, el vino blanco podría ganar terreno en términos de tolerancia individual. El vino tinto suele provocar con mayor frecuencia efectos secundarios molestos como:
- Dolores de cabeza y congestión nasal.
- Enrojecimiento de la piel y malestar estomacal.
Estos síntomas se asocian a la sensibilidad a los taninos, histaminas o la quercetina, componentes que están mucho menos presentes en el vino blanco.
Veredicto: Salud sin alcohol
La conclusión de la comunidad científica es tajante: si el objetivo es obtener antioxidantes, es preferible consumirlos de fuentes seguras como frutos rojos, manzanas, té o chocolate negro, evitando los riesgos neurotóxicos y cancerígenos del alcohol.
En definitiva, ni el tinto es el “elixir de la juventud” ni el blanco es su pariente pobre; ambos deben disfrutarse por su valor gastronómico y cultural, pero nunca bajo la premisa de que son un suplemento para la salud.



