El renacer del “Vino del Desierto”: El milagro de la cepa Tamarugal en el corazón de Tarapacá

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En el desierto de Atacama, el más árido del mundo, la vida se abre paso de una forma inesperada. Bajo condiciones extremas de radiación solar, suelos salinos y vientos intensos, una industria vitivinícola que se creía extinguida hace 80 años ha vuelto a florecer. El protagonista de esta hazaña es el proyecto “Vino del Desierto”, liderado por investigadores de la Universidad Arturo Prat (UNAP), que han logrado rescatar un patrimonio líquido único en el mundo.

El hito central de este renacimiento es la cepa Tamarugal, la primera y única variedad 100% chilena registrada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). Descubierta tras un análisis genético que la diferenció de 7.000 patrones internacionales, esta uva se ha convertido en el símbolo de la resiliencia agrícola del norte de Chile.

Cinco cepas bajo el sol de Tarapacá

A pesar de las condiciones adversas, el proyecto ha logrado cultivar con éxito cinco variedades en oasis como Pica, Matilla y La Huayca:

  1. Tamarugal: La joya autóctona, catalogada como “súper premium” y ganadora de medallas de oro en los Catad’Or Wine Awards.
  2. Gros Colman: Una cepa originaria de Georgia que hoy solo se cultiva en Tarapacá.
  3. Ahmeur Bou Ahmeur: Variedad autóctona de Argelia.
  4. País (Listán Prieto): La histórica cepa patrimonial de Chile.
  5. Torrontés Riojano: Aportando frescura al portafolio nortino.

Sustentabilidad y aguas milenarias

El cultivo en el desierto no es solo una proeza técnica, sino un ejercicio de responsabilidad ambiental. Las parras se nutren de aguas dulces milenarias (con 9.000 años de antigüedad) extraídas del subsuelo, las cuales son gestionadas mediante sistemas de riego presurizado de alta eficiencia para evitar el agotamiento del recurso.

La ingeniera agrónoma e investigadora de la UNAP, Ingrid Poblete, pionera del programa que inició en 2003, señala que el objetivo no es competir con el volumen de las zonas centrales, sino ofrecer un modelo de negocio “boutique” de alto valor agregado y diferenciación absoluta.

Un laboratorio para el cambio climático

Frente al avance del calentamiento global, que está obligando a los viñedos de las regiones de O’Higgins y Maule a desplazarse hacia el sur o la costa, lo que ocurre en Tarapacá se ha convertido en un caso de estudio mundial. Académicos de Oriente Próximo ya han mostrado interés en colaborar con la UNAP, viendo en el desierto chileno un laboratorio de innovación para la viticultura del futuro.

Hoy, lo que comenzó como la recuperación de vides centenarias olvidadas en antiguos lagares, se proyecta como un nuevo terroir de clase mundial, demostrando que incluso en la aridez más absoluta, la tradición viñatera de Chile tiene mucho que contar.

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