Chile no solo es tierra de Cabernet Sauvignon o Carménère. También guarda un patrimonio vitivinícola único que merece ser descubierto. Estas son tres cepas menos conocidas, pero que encarnan la historia y la diversidad del país.
1. País
La cepa País es la más antigua cultivada en Chile, introducida por misioneros españoles en el siglo XVI para la producción de vino de misa. Hoy vive un renacimiento en zonas como el secano costero del Maule e Itata, donde viñas y enólogos rescatan su potencial para vinos frescos y de gran identidad.
2. Cinsault
Originaria del sur de Francia, la Cinsault llegó a Chile en la década de 1940 para complementar a la País. Su adaptación al Valle del Itata ha sido tan exitosa que hoy concentra más del 90 % de la superficie nacional plantada con esta cepa, destacando por sus vinos aromáticos y de cuerpo medio.
3. San Francisco
La San Francisco es una variedad histórica documentada en Chile desde 1646. Aunque estuvo al borde de la desaparición, pequeños productores en Maule, Itata y Bío Bío han impulsado su rescate, elaborando vinos de perfil rústico, acidez vibrante y gran valor patrimonial.
¿Por qué estas cepas son importantes?
Estas variedades no solo diversifican la oferta vitivinícola, sino que representan la identidad y la resiliencia de la viticultura campesina en Chile. Como explica Food & Wine, el trabajo en torno a cepas patrimoniales está atrayendo cada vez más atención internacional, ofreciendo vinos auténticos que conectan con la historia del país.