En un despliegue de cultura, historia y sabor local, la comuna de Quillón celebró este fin de semana una nueva edición de su festividad vitivinícola, reafirmando su rol protagónico en la defensa del patrimonio del Valle del Itata. Según reporta El Mostrador, el evento no fue solo una feria comercial, sino una plataforma de visibilización para la tradición campesina y las variedades ancestrales que hoy están posicionando al sur de Chile en las cartas más exclusivas del mundo.
La jornada destacó por poner al centro de la conversación el valor de las cepas patrimoniales, aquellas que han sobrevivido por siglos gracias al cuidado de pequeños productores y que hoy experimentan un renacimiento comercial y crítico.
El valor de lo auténtico: Cinsault y País
El eje central de la celebración en Quillón fue la reivindicación de variedades que definen la identidad del secano interior:
- Cinsault: Conocido localmente como “Cargadora”, este varietal ha pasado de ser un vino de granel a una joya de exportación, valorada por su frescura y adaptabilidad climática.
- País: La cepa fundacional de Chile fue protagonista en versiones de vinificación moderna, demostrando que su rusticidad es, en realidad, una elegancia muy buscada por los nuevos consumidores.
- Vinificación Ancestral: Los asistentes pudieron conocer de cerca procesos como el uso de zarandas y tinajas de greda, técnicas que los productores de Quillón mantienen vivas como un acto de resistencia cultural.




