La mezcla de vino tinto con bebida cola, conocida en Chile como jote, ha sido históricamente vista con recelo por sommeliers. Sin embargo, su arraigo popular y recientes discusiones sobre cómo consumir vino abre una puerta hacia un nuevo debate cultural.
Origen del jote: raíces globales con sabor local
De acuerdo con Wikipedia, esta combinación es una variante del tradicional kalimotxo, originario del País Vasco y popularizado en la década de los 70 como solución de bajo costo para vinos deteriorados, mezclando vino y Coca‑Cola en partes iguales . En Chile, se adoptó el nombre “jote”, en referencia al ave carroñera de plumaje oscuro y cabeza rojiza, por la similitud con el color del trago.
Cultura y sabor: más que una mezcla barata
Según un informe en 65 Y Más, la receta de kalimotxo evolucionó de ser considerado el “cubata de obrero” a convertirse en un cóctel reconocido en fiestas y panoramas urbanos . En Chile, aunque existe el estigma de que el jote “hipoteca” el vino, su uso revela una dimensión genuina: la adaptación del vino al contexto social y emocional.
Expertos: mezclar no siempre es traicionar
El sommelier Carlos Delgado, en entrevista con El País, señaló que no se debe juzgar la forma de beber vino: “Si quieres echarle Coca‑Cola, también”, dijo Delgado, enfatizando que el disfrute del vino debería ser personal, no dogmático.
Plataforma digital: el jote se sube a redes
En TikTok, cuentas como @guillegarda y @gianlucabartender han viralizado la bebida con descripciones como “una forma nostálgica y democrática de beber vino”.
¿Para quién es el jote?
Este trago no está pensado para una cata rigurosa ni para expresar terroir. Como indica la enciclopedia Kiddle, el jote es una forma asequible y festiva de consumir vino, principalmente en contextos sociales y juveniles. No es el trámite del vino, pero sí una expresión válida de consumo masivo.
Del rito al rito popular
El jote es tan válido como controvertido. No refleja tradición ni calidad técnica, pero sí expone la relación local con el vino: una bebida que trasciende etiquetas, rituales elitistas y modas. Como afirma el historiador Pablo Lacoste, el vino popular —en todas sus versiones— es parte esencial de la identidad chilena, especialmente en contextos rurales o comunitarios.
Al final, la pregunta no es si se debe o no mezclar, sino entender por qué seguimos haciéndolo, y qué nos dice eso sobre la forma en que bebemos, compartimos y celebramos el vino.