El mundo del vino en Chile vive un recambio generacional silencioso, pero evidente. Cada vez más jóvenes se interesan por la cultura enológica, no solo como consumidores, sino también como profesionales. En particular, la figura del sommelier, tradicionalmente vinculada a expertos mayores con formación europea, está comenzando a renovarse con rostros jóvenes que mezclan tradición, redes sociales y nuevas narrativas.
Desde 2020 en adelante, diversos centros de formación en Chile han reportado un crecimiento en el interés por carreras vinculadas al vino. Aunque no existen cifras públicas consolidadas, instituciones como la Escuela de Sommeliers de Chile han señalado que el aumento de matrículas ha sido sostenido. Parte del fenómeno se explica por el confinamiento y la revalorización de actividades sensoriales y culturales como la cata.
A través de plataformas como Instagram y TikTok, jóvenes creadores de contenido han transformado el lenguaje del vino. Hoy es común encontrar cápsulas sobre cepas chilenas, técnicas de maridaje o recomendaciones de viñas locales explicadas en formato vertical, con lenguaje simple y visual. Este acercamiento ha contribuido a democratizar el vino y a cambiar la percepción de que es una bebida solo para expertos o adultos mayores.

Además, regiones como el Maule, el Itata o el Biobío han comenzado a formar a sus propios profesionales, interesados en rescatar la historia vitivinícola local y vincularla a nuevos emprendimientos de turismo enológico. En muchas de estas zonas, jóvenes buscan estudiar y trabajar sin salir de sus territorios, impulsando proyectos vinculados a la identidad y la sostenibilidad.
Sin embargo, el acceso a la formación profesional en sommeliería sigue siendo limitado para muchos. El costo de los programas, la centralización de la oferta académica sigue siendo uno de los desafíos por enfrentar.
Pese a ello, el panorama es alentador. La incorporación de nuevas voces está comenzando a marcar una diferencia no solo en el servicio y la comunicación del vino, sino también en la forma en que se piensa la industria: más inclusiva, más digital y más conectada con su tiempo.