En los últimos años, cada vez más consumidores y sommeliers hablan del vino naranja. No es un vino con sabor a naranja, ni mucho menos una bebida saborizada. Entonces, ¿qué es exactamente? ¿Y por qué ha ganado tanta visibilidad en ferias, tiendas especializadas y cartas de restaurantes?
Un blanco que se hace como tinto
El vino naranja es técnicamente un vino blanco vinificado como si fuera tinto. Es decir, se elabora a partir de uvas blancas, pero fermentadas con sus pieles y semillas (macera con los hollejos), tal como se hace tradicionalmente con las uvas tintas.
Este proceso, conocido como skin contact, le otorga al vino una mayor carga tánica, textura más estructurada y un color que varía del dorado profundo al ámbar o naranja. Como explica Decántalo, esta técnica tiene orígenes milenarios en Georgia y el Cáucaso, pero ha sido redescubierta en las últimas décadas como una expresión auténtica y natural.
¿Por qué se ha vuelto tan popular?
El vino naranja rompe con las categorías tradicionales y llama la atención tanto por su estética como por su perfil sensorial:
- Aromas que van desde fruta seca, cáscara de naranja y especias, hasta notas de té negro o hierbas.
- Sensación más seca y rugosa en boca, por la presencia de taninos (inusual en un blanco).
- Colores dorado-naranjas que lo hacen visualmente impactante.
Como señala La Vanguardia, su auge también responde al interés por los vinos naturales, orgánicos y de baja intervención, y por consumidores que buscan explorar más allá de lo clásico.
¿Se produce vino naranja en Chile?
Sí, y cada vez más. Algunas viñas chilenas, especialmente del Itata y el Maule, han comenzado a experimentar con esta técnica, reviviendo prácticas ancestrales con variedades patrimoniales como el Moscatel de Alejandría o Torontel. Ejemplos destacados incluyen proyectos como Viña La Misión, Cacique Maravilla o algunas etiquetas de Vinos de Patio.
En conversación con Chile Wine Experience, varios productores han destacado que esta es una forma de conectar con la historia vinícola del país y ofrecer productos diferenciadores para mercados exigentes.
Los vinos naranjas no son solo una moda: son parte de un movimiento que busca reconectar con formas antiguas de hacer vino, más honestas, menos intervenidas y llenas de carácter. En Chile, están creciendo lentamente, pero con fuerza, en manos de productores que combinan tradición e innovación.
Si nunca lo has probado, quizás este sea el momento ideal para hacerlo.
¿Te animas a descorchar uno?