Cuando pensamos en vino chileno, solemos evocar de inmediato los valles emblemáticos como el Maipo o Colchagua. Sin embargo, hay zonas emergentes que están redefiniendo el enoturismo nacional con propuestas auténticas, cargadas de historia y vinculadas al territorio.
En Chile Wine Experience, queremos que descubras cinco valles que van más allá de lo tradicional… y que están dando que hablar.
1. Valle de Elqui: viñas entre cielos estrellados
El Valle del Elqui, en la Región de Coquimbo, no solo es famoso por sus cielos despejados, sino también por su enfoque en el enoturismo altiplánico, con cepas como Syrah, Pinot Noir, Chardonnay y Sauvignon Blanc, en terrazas de gran altitud. Su relevancia turística está documentada en la guía de Enoturismo Chile.
2. Valle de Limarí: vinos con salitre
Menos concurrido, el Valle de Limarí destaca por su proximidad al mar y suelos con carbonato de calcio, lo que confiere a sus vinos, como los de Tabalí y Tamaya, una elegante mineralidad y frescura costera. Algunas de sus viñas también ofrecen experiencias enoturísticas basadas en naturaleza y arqueología.
3. Valle del Itata: viticultura patrimonial con nueva mirada
Este valle, en Ñuble, es un símbolo del vino patrimonial chileno. Cepas como País, Moscatel y Cinsault han sido reinterpretadas por enólogos jóvenes en proyectos como Vinos de Patio, Cacique Maravilla y Lomas de Llahuén, retomando prácticas ancestrales. Su revitalización y carácter innovador están en el radar de medios especializados como Revista Iguales.
4. Valle del Biobío: sur con identidad enológica
El Valle del Biobío, región vitivinícola más austral de Chile, ha sido destacado recientemente como uno de los nuevos polos de enoturismo en el país. Actualmente cuenta con unas 25 viñas que ya representan cerca del 5 % del total nacional, atrayendo visitas que combinan catas, recorridos y estadías. Fue resaltado por su modelo de integración territorial en la OMET 2025 en China, según cuenta Excelencias Gourmet.
5. Valle de Malleco: el desafío del frío
Más al sur, en La Araucanía, el Valle de Malleco ha comenzado a mostrar un potencial notable, con blancos y tintos elegantes y de alta acidez a pesar de su clima extremo. Su desarrollo formativo ha sido impulsado por entidades como el INIA, y aparece reflejado en diversas guías turísticas del enoturismo regional.