Cómo se sirve el vino dice mucho de nuestras costumbres. En pleno verano en europa, una pregunta genera debate: ¿está bien poner hielo en el vino tinto? Algunos sommeliers lo rechazan, mientras que muchos consumidores lo defienden. Reunimos fuentes fiables para entender cuándo, por qué y cómo este gesto puede considerarse válido o un desacierto.
¿Por qué añadir hielo al vino genera conflicto?
Expertos en protocolo señalan que poner hielos en vinos bien elaborados, especialmente aquellos de equilibrio sutil, arruina la integridad del producto. Ruth Spivey, fundadora de Wine Car Boot, sostiene que se trata de un gesto “perezoso” que reduce los aromas y sabores cuidadosamente diseñados por el enólogo, según detalla el medio británico The Independent.
Sin embargo, cuando el calor aprieta, la bebida pierde su frescura y la idea de un vino templado puede volverse incómoda. En esos contextos, la discusión se abre.
Verano, jóvenes y reducción de ritualidad
De acuerdo con The Guardian, sommeliers como Benji Sher, desde su bar en Barcelona, sirven algunos tintos ligeros a 11–12 °C, temperaturas que se adaptan al clima cálido sin comprometer el sabor. La periodista J Lee añade que el consumo actual se vuelve más casual, alineado con bebidas como cervezas frías o mocktails. Añadir hielo, en ese contexto, forma parte de un estilo relajado y menos ceremonial.
¿Qué vinos aceptan el hielo?
Según The Washington Post, los tintos más aptos para enfriar incluyen variedades jóvenes, frutales y bajos en taninos: gamay del Beaujolais, pinot noir de Oregon o schiava del norte de Italia. Vinos estructurados como el cabernet sauvignon o malbec pierden su equilibrio si se enfrían demasiado. También se recomiendan vinos elaborados con maceración carbónica o mezclas sin crianza prolongada.
¿Qué dicen los sommeliers?
Michael Scaffidi, sommelier radicado en Nueva York, lo tiene claro: si un cliente desea hielo en su vino, no pondrá objeciones. Su filosofía, citada por la revista Vogue, es directa: es preferible que alguien beba vino con hielo antes que no beberlo.
Este enfoque busca dejar atrás la rigidez y centrarse en el disfrute personal, algo que también promueven bares contemporáneos y tiendas de vino con una visión menos elitista.
Situaciones donde el hielo puede ser aceptable
La revista Bon Appétit enumera momentos específicos donde el uso de hielo tiene sentido: en vuelos, hoteles sin refrigeración, botellas poco agradables o simplemente para refrescar la bebida en días calurosos. El objetivo, afirman, es la comodidad del consumidor, no la fidelidad absoluta a las reglas.
Cómo hacerlo bien
Estas recomendaciones permiten incorporar hielo sin arruinar la experiencia:
- Elegir tintos ligeros y frutales.
- Servir previamente la botella fría antes de añadir hielo.
- Usar uno o dos cubos como máximo.
- Considerar vasos más pequeños y resistentes al frío.
- Privilegiar la experiencia personal por sobre el protocolo.
Agregar hielo al vino tinto no es un crimen. En contextos informales, días de calor o por simple preferencia individual, tiene lógica. Eso sí, no todos los vinos lo soportan bien, y hacerlo sin criterio puede afectar la experiencia.
Beber vino debería ser una experiencia flexible, no una doctrina. Como resume el artículo de Bon Appétit, cada persona debe disfrutar el vino a la temperatura que prefiera. Si eso incluye hielo, que así sea.