Vino chileno se consolida como socio estratégico en Rusia ante la nueva configuración del mercado euroasiático

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En un escenario de profundas transformaciones en el comercio internacional, el vino chileno ha logrado no solo resistir, sino expandir su presencia en el mercado ruso. Según reporta El Periodista, la bebida nacional se ha posicionado como un embajador comercial clave, llenando los espacios dejados por productores europeos y consolidando a Chile como uno de los proveedores más confiables y valorados en la región.

A pesar de los desafíos logísticos y los ajustes arancelarios globales, la “Marca Chile” ha demostrado una adaptabilidad única, permitiendo que nuestras etiquetas ganen terreno tanto en las góndolas de consumo masivo como en los segmentos de especialidad.

El factor competitividad: Calidad y suministro

La consolidación de Chile en Rusia responde a una combinación de factores tácticos que han permitido superar las barreras de entrada:

  • Confiabilidad en la cadena: Mientras otros orígenes han enfrentado interrupciones, las viñas chilenas han mantenido un flujo constante, asegurando el abastecimiento en un mercado que demanda estabilidad.
  • Relación Calidad-Precio: La capacidad de ofrecer vinos con denominación de origen a precios competitivos sigue siendo la principal carta de presentación para el consumidor ruso, que busca valor en un contexto económico volátil.
  • Reconocimiento de marca: Años de promoción en el gigante euroasiático han rendido frutos, logrando que el consumidor identifique a Chile como un sinónimo de frescura y diversidad vitivinícola.

Vino como puente diplomático y comercial

Más allá de las cifras de exportación, el vino chileno está operando como un motor de soft power. En plena reconfiguración de las alianzas globales, el éxito del sector vitivinícola abre puertas para otros productos de la canasta exportadora nacional, fortaleciendo la imagen de Chile como un socio comercial serio y pragmático.

Desafíos y visión de futuro

Si bien el terreno ganado es significativo, los expertos señalan que el desafío para 2026 será la fidelización. Con la competencia local rusa en ascenso y la posibilidad de nuevos cambios regulatorios, las viñas chilenas están apostando por:

  1. Educación del consumidor: Catas y eventos dirigidos al sector Horeca (Hoteles, Restaurantes y Cafeterías) en las principales ciudades rusas.
  2. Segmentación: Introducir variedades menos comunes para captar el interés de los nuevos entusiastas del vino en Rusia.

Esta posición de ventaja estratégica reafirma que, incluso en contextos de crisis global, el vino chileno posee la resiliencia necesaria para ser protagonista en los mercados más desafiantes del mundo.

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